"No sé si estudiar pedagogía o medicina, una me gusta y la otra me da más plata". Se me vino el mundo encima.
Aun recuerdo cuando en los últimos días de clases antes de terminar por fin la enseñanza media, discutíamos entre compañeros que sería de nuestro futuro; algunos hablaban de universidades privadas, otros de estatales y siempre había alguno que prefería un instituto profesional. Algunos se apoyaban en que eran de mayor prestigio y otros en que la malla los atraía más. El debate era lógico y aterrizado, también participé de él.
Pero del que nunca participé fue de ese que ponía en la palestra la vocación versus el dinero, pues no está en mi diccionario y no debería estar en el de nadie. Ya sé lo que me dirán: "Hay Daniel que eres grave", y es lo que siempre me dicen, pues parece que definitivamente soy de otro planeta o de alguna raza superior.
Cuando a un costado de todas esas conversaciones escuché "No sé si estudiar pedagogía o medicina, una me gusta y la otra me da más plata". Se me vino el mundo encima. Es que no logro concebir la idea de dejar de lado tu vocación, término que se define como el deseo de emprender una carrera, profesión o cualquier otra actividad cuando todavía no se han adquirido todas las aptitudes o conocimientos necesarios, por tener un poco más de dinero. Es Absurdo.


